domingo, 5 de mayo de 2013

Cambiando creencias




A lo largo de estas semanas, hemos hablado del papel protagonista que juegan las creencias en nuestra vida y del modo en el que la guían. Por otra parte se ha justificado la importancia y legitimidad de ser los electores de nuestras propias creencias y se han destacado algunas de las más poderosas y recomendables para cualquier persona. Con esta base, es momento de enfocar nuestra atención al cómo, es decir, a la forma en la que podremos hacernos conscientes de las creencias que nos están perjudicando y cambiarlas por aquellas que consideramos que guiarán nuestra vida hacia el éxito.
Lo primero que se debe aclarar aquí, es que nuestras creencias están influenciadas por nuestro pasado y todos aquellos acontecimientos que nos han sucedido y nos siguen sucediendo día a día. Además cada uno de nosotros contamos con una genética diferente que nos confiere una base de personalidad única. La manera en la que somos y la forma propia que tenemos de enfocar el mundo harán que cada persona necesite trabajar más sobre unos aspectos que sobre otros, o quizá necesite adoptar un enfoque diferente a la hora de trabajar sus creencias. Con todo esto se quiere destacar que son muchos los factores que influyen sobre las creencias que nos forjamos. Lo ideal sería hacer un trabajo personalizado con cada individuo, y en este viaje hacia la mejora, gracias a la búsqueda de información y tu trabajo personal irás descubriendo aquellas piezas que te faltaban para conseguir cambios eficaces y duraderos. No obstante existen una serie de consejos y pautas generales realmente de mucha utilidad.

Comencemos con ello, pero antes dos aclaraciones iniciales:          

1º Por un lado tenemos instauradas muchas creencias absurdas y disfuncionales para nosotros las cuales sería conveniente eliminar, por el otro, creencias poderosas de las que sería muy conveniente adueñarse. Curiosamente el método más eficaz para eliminar una creencia es sustituirlas por otra incompatible con ella, por lo que podremos conseguir ambos objetivos en un solo proceso.

2º El pensamiento racional y consciente sobre nuestros pensamientos, emociones, actuaciones y finalmente sobre nuestras creencias es un arma de doble filo que engloba el problema principal por el que la mayoría de las personas no son capaces de producir cambios sustanciales. Un exagerado autoanálisis o un intento desmedido de control sobre nuestra propia persona pueden ser muy peligrosos. Debes diferenciar los momentos para trabajar sobre tus creencias y los momentos de relajación. Cuando trabajas obsesivamente por solucionar un problema, probablemente  esta obsesión se convierta en el principal de tus problemas.
Cambiando creencias (pasos):

Previo-Lo primero de todo y antes de comenzar cualquier cambio es muy recomendable que partas de un estado de paz contigo mismo, o dicho de otra forma debes eliminar los reproches y acepar que ciertas creencias están instaladas en ti fruto de tu pasado. Debemos aceptar que tenemos ciertas creencias, con las que actualmente no estamos de acuerdo, pero que aún así no están influyendo. No debemos culparnos por que aparezcan en forma de pensamientos ciertas ideas que nos desagradan o que simplemente no somos capaces de eliminar, debemos aceptar que son pensamientos derivados de nuestra mente condicionada por el pasado, y no culparnos o identificarnos con ellos.

1-Decide cuales será aquellas creencias positivas de las que te quieres proveer, pueden ser las del post creencias para el éxito, o aquellas otras con las que te sientas identificado y creas que te serán de mucha utilidad. Anótalas y tenlas muy presentes.


2-Durante estos días identificarás y anotarás aquellas creencias limitantes que están actuando en tu vida.

*En muchas ocasiones procesamos la información de manera poco racional. Son muchas las maneras en las que hacemos esto. Presta atención, por ejemplo, a las siguientes:

·         Operadores modales: “No debería estar aquí”, “No tengo fuerza de voluntad para…”, “No soy apto para…”, “No soy capaz de estudiar una carrera” “No puedo                           adelgazar”. ¿Por qué? ¿Qué pruebas o evidencias tienes de ello? ¿Qué cosas te hacen pensar eso?
·         Nominalizaciones: Los valores son creencias personales y constituyen por sí mismos nominalizaciones. “Por honor”, “La fidelidad es lo primero”, “La familia hace que yo saque lo mejor de mí mismo”, “Para ser alguien en la vida hay que estudiar mucho y ganar mucho dinero”. ¿Por qué haces cosas por conceptos? ¿Qué hay detrás de esa cortina?
·         Causa-efecto: “Si intento montar mi propio negocio, puedo fracasar”, “Si fracaso seré el hazmerreír de todos”, “Si muestro afecto por mis empleados, mis compañeros, mis hijos, se van a creer que soy débil y me tomarán el pelo”. ¿Por qué? ¿Qué te hace creer eso?
·         Cuantificadores universales: “Todos los políticos son unos sinvergüenzas”, “Siempre que voy de empiezo algo, no lo termino”, “Nunca tengo suerte con mis parejas”. ¿Por qué piensas eso? ¿Todos? ¿Siempre? ¿Nunca? ¿Ha habido excepciones en tu experiencia? ¿Ninguna? ¿Seguro?

Cualesquiera que sean los sentimientos e ideas estúpidas que logren penetrar en tu conciencia, ataca a unos y otras en sus propias raíces, examínelos profundamente.  El objetivo es llegar a la raíz de esa creencia y ver la base sobre la que se está sosteniendo. He aquí algunas preguntas más que nos podremos plantear para ayudarnos en este proceso:
-¿Por qué estoy pensando esto?
-¿Se basa la creencia en un hecho real o en una suposición o presuposición falsa?
 -¿Existe algún motivo racional que me haga mantener esa creencia?
-¿Estaré equivocado con respecto a esa creencia?
-¿Llegaría a la misma conclusión acerca de otra persona en una situación similar?
-¿Por qué debo continuar desempeñándome y sintiendo como si ello fuera verdad si no existe ningún buen motivo para creerlo?
Detente en ellas y piensa profundamente en las respuestas. Has de lograr entrar en un estado emocional de indignación al observar cómo te han estado limitando y probablemente engañado sobre tu forma de ver el mundo.

3-Aunque el paso dos por sí solo encierra un gran poder, tras darte cuenta de la absurdez de estas procederás a sustituirlas por aquellas que realmente te proporcionarán mayor libertad y competencia.
Comenzaremos aquí un proceso de entrenamiento en imaginación.
Preséntate a ti mismo cómo quisieras ser y con las creencias que deseas tener. Esto debe ir acompañado de un profundo sentimiento de deseo e identificación.
Insiste, y haz que persistan en tu mente. No trates de esforzarte ni de emplear la fuerza de voluntad. Aunque en un primer momento no te sintieras identificado con tus nuevas creencias, recuerda que el cerebro terminará por creerse todo lo que le presentes de manera repetida.
Imagínate a ti mismo viviendo aquellas situaciones de las cuales no te creías capaz, o actuando de cualquiera que sea la manera que la creencia antigua te decía que era imposible.
Además de esto añade argumentos que den realismo a tus creencias. Mantenlos en tu mente y disfruta de las nuevas oportunidades que te proporciona la vida gracias a abrir puertas que permanecían ocultas. Todo es real o no dependiendo de cómo se mire. Tus viejas creencias determinaban tu forma de ver el mundo, ahora imaginando tu nuevo mundo instalarás tus nuevas creencias.
-Para el entrenamiento en imaginación, es fundamental que esta sea lo más vivida y con detalles posibles. Para esto existen diversas técnicas que pueden servirte de ayuda como puede ser la PNL. Te aconsejo que busque información al respecto o que permanezcas atento a próximas entradas en las cuales se profundizará un poco más sobre ello.
           
 4-Actua en el terreno:
            -“Actuar como sí”, es decir, durante nuestro día a día comportarnos tal y como nos gustaría ser. No debemos centrarnos en las consecuencias ni en el proceso, simplemente comportarnos como queramos ser hasta que lo consigamos. Es un camino bidireccional: las creencias actúan sobre nuestra actuación y viceversa.

Ten en cuenta que muchas de tus creencias te han estado acompañando durante muchos años, sino durante toda tu vida. Por lo tanto habrá algunas creencias que te cueste eliminar o sustituir más que otras. Pese a todo puedes estar seguro de que si trabajas con rigor, llegas al trasfondo de tus creencias limitadoras y persistes para proveerte de unas más funcionales, conseguirás grandes avances y realmente merecerá la pena el tiempo invertido. Eso sí, de poco te servirán las técnicas aquí descritas si te limitas simplemente a leerlas. Aplícalas, ponlas a prueba, y comienza a creer en aquello que merece la pena creer.

lunes, 8 de abril de 2013

El Autoconcepto




¿Cuáles son mis virtudes? ¿Y mis puntos débiles? ¿Cuáles son mis aspiraciones en la vida? ¿Cuáles son mis miedos, mis creencias, mis actitudes y mis hábitos? ¿Cómo me siento hacia mi propia persona? Y, en definitiva, ¿Quién soy?

Todos hemos contestado a estas preguntas consciente o inconscientemente. Si te has parado a pensar sobre ti mismo haciéndote esta serie de cuestiones habrás estado explorando tu autoconcepto. En caso de que jamás te hayas hecho estas preguntas, da lo mismo, de un modo u otro las estarás respondiendo en tu día a día.

Dicho esto, señalaremos que el autoconcepto tiene dos dimensiones: una cognitiva y otra afectiva. La autoimagen constituye la parcela más cognitiva del autoconcepto y se nutre de nuestro pasado y del presente. La dimensión afectiva hace referencia al autoestima, entendiendo éste como el conjunto de sentimientos que poseemos con respecto a nuestra autoimagen y, por tanto, hacia nuestra persona.
                                                                                *Autoimagen                                                 


AUTOCONCEPTO: >>>>>>>>                    
                                                                  *Autoestima         
                                         

Tenemos que entender el autoconcepto como una herramienta a nuestra disposición que nos informa de nuestras características y nos ayuda a elegir como encarar la realidad en pos de obtener el mejor de los resultados en cada situación. Pero hay una contradicción en esta concepción del autoconcepto: muchas veces esta herramienta nos disuade de enfrentarnos a ciertos retos para los que en realidad sí estamos capacitados, pero que no nos atrevemos a encarar por una creencia que insiste en que carecemos de recursos para hacerlo.

Podemos ver que el autoconcepto es, por tanto, un arma de doble filo. Por un lado, un elevado autoconcepto en un área concreta puede hacer que nos sintamos lo suficientemente competentes como para enfrentarnos a cualquier reto que esta nos pueda ofrecer. Por el otro, un reducido autoconcepto podría traer unos resultados inversos, e incapacitarnos para resolver la más fácil de las tareas. Una pregunta surge ante esta contradicción, ¿es el autoconcepto nuestro aliado o nuestro enemigo?  

Hemos hablado de que el autoconcepto solo actúa en nuestra contra en los casos en que es negativo. Por lo tanto, es sobre el autoconcepto negativo sobre el que vamos a trabajar. En esta entrada del Blog solo se darán unos esbozos del asunto, pero iremos añadiendo entradas con técnicas que nos permitirán llevar a cabo estos cambios.

Para entenderlo hagamos una reflexión. Piensa en algo que se te dé realmente bien. Ahora quiero que examines el nivel de dominio que has adquirido gracias al entrenamiento que has dedicado a esta práctica. Remóntate a tus inicios. Recuerda cuándo comenzaste a practicar la actividad en cuestión. Podrás apreciar la diferencia cualitativa entre tu manera de ejecutarla hoy día y la manera en que la llevabas a cabo en el pasado. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los casos, lo más probable es que nunca hayas tenido un autoconcepto negativo en esta área. Por mucho que en tus inicios fueras mucho más inexperto que ahora y a pesar de que casi con toda seguridad exista gente que ha alcanzado un nivel muy superior al tuyo hoy día, tu percepción de competencia en referencia a la actividad seguramente haya sido siempre positiva o neutra.

La función de este ejemplo es que comprendas lo siguiente:
  •       La mayoría, sino todas, las actividades que realizas hoy en día que tienen como motor una motivación intrínseca (te reporta placer el mero hecho de practicarla), son actividades en las que nunca has sentido una escasa competencia. A pesar de que tu actuación al comenzar a practicarla te parezca lamentable actualmente, en su día sentías que lo hacías bien.
  •        Es el autconcepto positivo el que nos impulsa a seguir practicando una actividad y es la práctica la que nos reporta mayor competencia en la misma. De modo que se trata de un círculo vicioso.
  •       Cuando percibimos que somos malos practicando una actividad, evitamos enfrentarnos a ella para no herir nuestra autoimagen y no reducir nuestra autoestima.
  •       Cuando empezamos a practicar cualquier actividad, siempre empezaremos siendo unos incompetentes. Sin embargo, no siempre seremos conscientes de nuestra incompetencia (por ejemplo si lo practicamos junto con otros inexpertos), evitando así que este hecho hiera nuestro autoconcepto y, por ende, sigamos disfrutando al practicar dicha actividad.


En resumen, debes ser consciente de que es la práctica la que hace al maestro y que  no estamos innatamente predestinados a sobresalir en unas áreas y a fracasar en otras. Lo que se infiere de este principio es que siempre que tengamos sensación de incompetencia en un área debemos justificarlo con nuestra inexperiencia y no con nuestra ineptitud. Debes tener en mente que si otro ser humano ha podido, tú también puedes, solo necesitas invertir tiempo.

Recuerda: Nada puede detenerte a la hora de alcanzar tus metas, salvo tú mismo.   

miércoles, 3 de abril de 2013

Hábitos: ¿Qué camino eliges?


                                                    


Recordemos a Darwin. Sí, ese hombre que nos demostró a todos que el Ser Humano, lejos de ser una raza superior con un Dios que vela por su bienestar, no es más que el producto de un proceso evolutivo repleto de mutaciones aleatorias y de guerras entre genes. Una vez hayamos admitido nuestra condición animal podremos empezar a entender como funcionamos en nuestro día a día.

Lo primero que debemos saber es que una de las principales diferencias entre nosotros y el resto de animales es el neocórtex. Esta estructura cerebral controla las funciones superiores. Sin embargo, para tratar el tema de los hábitos es suficiente con entender que nuestra cognición está mucho más desarrollada que la del resto de animales.

De este modo, ante un estimulo X, los animales tendrán un conjunto limitado de respuestas. El clásico ejemplo es aquel del animal que ve su territorio amenazado por otro animal de su misma raza y sexo. El estímulo en este caso sería la amenaza que supone el otro animal y las posibles respuestas serían ataque o huida. El animal hará un rápido e instintivo examen de las características de su oponente y optará por la respuesta con menos costes para él.  Como podemos observar, el registro de respuestas es bastante limitado. Por suerte, el ser humano va un paso más allá.




Animales


Humanos

Parafraseando a Werner , “ los seres humanos no son simplemente  organismos que responden al medio”. Y es que nosotros tenemos la capacidad de decidir entre una infinita gama de respuestas solo limitada por nuestra imaginación. Nosotros podemos procesar el estímulo X y crear una serie interminable de posibles respuestas cuyas consecuencias podemos evaluar antes incluso de ejecutar la acción. Esta es la principal diferencia que nos interesa resaltar entre el ser humano y el resto de animales para empezar a comprender el funcionamiento de los hábitos.

De esta manera, vemos que los animales funcionan con una especie de piloto automático que busca rápidamente la respuesta más viable dentro de un número de respuestas muy reducido. ¿Es acaso el humano el único animal que carece éste recurso? Definitivamente, no. Nosotros contamos tanto con el piloto automático que hemos heredado como con el sistema analítico que nos diferencia del resto de animales.

 Es fácil de entender con una actividad tan cotidiana como la escritura. En muchas ocasiones redactamos escritos o notas preocupándonos tan solo por plasmar una serie de ideas en un papel, sin percatarnos de la calidad de nuestra grafía, de los errores ortográficos o de los fallos en la puntuación. Al fin y al cabo, ¿para qué voy a poner tildes en la lista de la compra? Sin embargo, cuando somos conscientes de la importancia de cuidar estos aspectos, somos capaces de realizar la misma conducta teniendo en cuenta el conjunto de reglas que se derivan de una correcta escritura. En el primer caso habríamos activado completamente nuestro piloto automático mientras que, en el segundo, estaríamos analizando conscientemente multitud de variables.
 Otro ejemplo que a muchos les será familiar es el de la conducción. La primera vez que cogemos un coche nuestra mente se colapsa ante la multitud de variables que hay que tener en cuenta a la hora de conducir. A base de práctica, vamos automatizando cada una de las maniobras que debemos ejecutar dentro de un coche para aparcar, acelerar, frenar…  Hasta que llega un punto en que ni siquiera necesitamos pensar en lo que hacemos, cada movimiento surge de manera espontánea.

Los hábitos son parte de nuestro piloto automático. Cuando nos vemos ante una situación concreta (una hora del día, una actividad cotidiana, una emoción que nos sobreviene…) solemos tener una respuesta concreta para la misma. Por ejemplo, antes de acostarnos, sin casi procesarlo, nos dirigimos al cuarto de baño a lavarnos los dientes. Es algo que hacemos todos los días de manera automática, sin planteárnoslo, y por ello podemos decir que es un hábito.

 Lo que nos diferencia de los animales, sin embargo, es la capacidad que posee el ser humano para replantearse su piloto automático y cambiarlo en función de sus intereses. Ésta no es tarea fácil. Normalmente este proceso implica romper con un hábito muy instaurado en nuestra rutina para después sustituirlo por otro que nos interese.  Nuestro deber, pues, es salir del piloto automático y hacernos las siguientes preguntas: ¿He elegido yo el conjunto de hábitos que componen mi día a día? ¿Considero que mis hábitos están en consonancia con lo qué soy y lo qué quiero ser? ¿Qué hábitos quiero cambiar para sentirme a gusto con mi rutina?

De nuevo, este blog te proporcionará las herramientas para hacer frente a este proceso. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Creencias para el éxito


Hoy indagaremos sobre aquellas creencias poderosas capaces de cambiar la vida de una persona, su forma de entenderla, de moverse por ella y de proporcionar resultados muy positivos. Pero antes de nada me gustaría comenzar haciendo una pequeña reflexión sobre la naturaleza de la realidad. Se podrían considerar como reales aquellas cuestiones sobre las que hay un acuerdo mayoritario o quizá pudiera ser más solemne pensar que algo real es algo que tiene bases científicas. En cualquier caso, es posible que no te hayas parado a reflexionar en profundidad sobre cómo los avances que se producen día a día, por ejemplo en el campo de la ciencia, anulan realidades aceptadas hasta el momento para cambiarlas por otras. O quizá hayas tenido experiencias con ilusiones ópticas que te han descubierto cómo nos engañan nuestros sentidos. Por otra parte, muy a menudo sucede que nuestra propia manera de ver el mundo o alguna situación en particular cambia al adquirir nueva información o simplemente al darle un nuevo enfoque. Esto es lo que se conoce como un cambio de paradigma.

No es mi intención en este momento entrar en reflexiones profundas sobre lo que es real o no (lo cual podría ser francamente interesante), ya que la realidad como tal no existe, solamente existe nuestra forma de percibirla. Esto puede sonar ciertamente radical, y no es necesario que compartas esta idea teóricamente. El punto aquí es el siguiente: ¿he de aceptar lo que otras personas me dicen que es real, sino es bueno para mí, o por el contrario ha llegado el momento de vivir mi realidad?

Por suerte, al contrario de lo que a veces creemos, podemos partir de la base de que el cerebro es plástico, o lo que es lo mismo, moldeable. Esto nos permitirá cambiar nuestras creencias por aquellas que sean más útiles para nosotros, de manera que nos ayuden a cosechar más éxitos y felicidad en nuestra vida.
Vamos a investigar sobre algunas de las creencias más poderosas de las que te deberías proveer, las cuales comparten la mayoría de las personas que tienen al éxito como compañero de viaje.

1-No existe una realidad única: la realidad depende de los ojos con los que se mire. Las personas que han tomado las riendas de su vida son conscientes de que no necesitan ver para creer pero sí, por el contrario, creer para ver y para conseguir resultados. El modo en que enfoques las situaciones dictará tu realidad. De esta manera no te dejas arrastrar, sino que aceptas responsabilidades. Tu marco (manera de entender el mundo y las situaciones que surgen en él) es el más fuerte.

2-Si otra persona ha podido, yo también puedo. Solamente es cuestión de balance entre la dedicación que me requiere la situación y lo importante que es para mí. Si realmente deseo algo y le entrego la dedicación necesaria se hará realidad. Obviamente, siempre habrá situaciones concretas que no se puedan realizar, pero sin duda son mínimas en comparación con las que nosotros mismos nos impedimos. Cada día surgen nuevas confirmaciones científicas y ejemplos de personas que realizan “hazañas” que evidencian cómo el potencial humano es francamente superior a lo que desarrollamos. Hazte consciente de la manera en la que las etiquetas que te pones a ti mismo son en ocasiones extremadamente limitantes,  impidiéndote realizar a
aquellos objetivos que realmente te gustaría conseguir.

3-No existen fracasos, solamente aproximaciones. Una de las creencias más limitantes común a muchas personas, es la de interpretar las situaciones en las que no conseguimos nuestros objetivos como altamente negativas, lo que provoca frustración y abandono. Al igual que si se quiere conseguir un cuerpo definido, no se podrá obtener de la noche a la mañana, debiendo formarlo día a día, no podemos esperar conseguir nuestros objetivos externos al instante. Se deberán ir haciendo aproximaciones utilizando los fracasos como puntos indicativos de  lo que no funciona para ese determinado objetivo. Todo lo que suceda lo utilizaremos para nuestro beneficio.

4-La felicidad se encuentra aquí y ahora. Juegas para mejorar tu situación vital, pero debes ser consciente de que tu plenitud está más allá de la situación en la que te encuentres o el modo en el que estés condicionado por tu pasado. Si fundamentas tu felicidad en acontecimientos futuros, acabarás por descubrir que una vez que los consigues realmente no te llenan y siempre querrás más. Es muy importante aceptarse a uno mismo tal y como se es para empezar a trabajar desde esta base en la mejora, interpretando la vida como un juego.

5-Importancia de la entrega personal. Si quieres marcar la diferencia has de saber que la entrega personal es un aspecto clave. La entrega, suena a esfuerzo y en ocasiones nos puede resultar complicado, pero hay una clave: establecerse metas personales que provoquen pasión y perseguirlas con un deseo ardiente. Convertir el  trabajo en un juego. Por otra parte, es fundamental ser consciente de la importancia de la ayuda que nos pueden prestar otras personas ya que no es necesario saber de todo,  pero si rodearse de personas que puedan proporcionarte la colaboración que necesitas en tus proyectos.

Sin duda alguna este enfoque del mundo forjará en ti una personalidad blindada ante los imprevistos, luchadora y exitosa. Los cambios importantes no suelen suceder repentinamente, así que ten paciencia si tu pensamiento, condicionado a lo largo de los años, se niega a aceptar estas nuevas premisas Si persistes encontrarás evidencias que te impulsarán a acoger estas creencias como propias y utilizar las circunstancias que te presente la vida a tu favor.

 AHORA ya sabes que eres el creador de tu MAPA, hazte consciente de las  creencias limitantes que te han acompañado hasta este momento y no dudes en erradicarlas para sustituirlas por aquellas que juegan a tu favor.

martes, 19 de marzo de 2013

Como nos afectan nuestras creencias




Vivimos nuestras creencias; estamos inmersos en ellas y nos parecen realidades indiscutibles. Incluso en aquellos casos en los que nos damos cuenta de la absurdez de alguna creencia de nuestro repertorio, simplemente procedemos a lamentarnos, ya que nos hemos identificado con algo que no nos gusta, pero que creemos parte de nosotros y como tal no se puede cambiar.
Este es el enfoque básico simplificado que tienen la mayoría de las personas, y si consigues cambiarlo habrás hecho un gran avance.

A lo largo de los años, especialmente durante nuestra infancia, hemos ido formando en nuestro interior, un mapa sobre la realidad. Los acontecimientos vitales, nuestros éxitos y fracasos, lo que los demás pensaban de nosotros… han ido moldeando nuestra estructura cerebral, dando lugar a la forma de concebir el mundo, las relaciones y nuestra propia persona. Y es aquí donde nos encontramos el problema fundamental: en absoluto hemos sido los electores de nuestras creencias, pero como determinan nuestra forma de ver el mundo, las sentimos como nuestras. Actuamos acorde con ellas, ya que nos indican lo que podemos y no podemos hacer, lo que es peligroso y es mejor evitar o lo que es deseable obtener sacrificando para ello nuestra vida a base de esfuerzo.

Las creencias por lo tanto delimitarán nuestro campo de actuación, pero no solo eso, también determinarán nuestros resultados, convirtiéndose en  poderosas aliadas o grandes saboteadoras. De esta manera nuestras creencias quedarán reforzadas.

Veamos un claro ejemplo de esto, que se da día a día entre los estudiantes: un alumno  no se cree capacitado para sacar los estudios adelante, debido a no haber recibido la suficiente confianza por parte de los profesores, padres o a fracasos anteriores. Este mismo alumno a la hora de preparar el examen se sentirá abatido (sentimiento derivado de su creencia) por lo que no estudiará con el mismo tesón que otro con creencias de capacidad. Probablemente el alumno suspenda el examen, lo que reforzará sus creencias de incapacidad.

Como se ha podido observar, las creencias forman un círculo vicioso en nosotros, del cual es muy difícil escapar sin las técnicas o el enfoque adecuado. La estructura cerebral formada a lo largo de los años nos impedirá darnos cuenta de que realmente no tenemos por qué ser de ciertas maneras que quizá no nos gusten y desarrollar nuestro máximo potencial.

Por eso es tan importante que empecemos a tomar conciencia de los pensamientos que nos abordan, y del lugar que esos pensamientos están ocupando en nuestra psique y comenzar a ignorar algunos de ellos, potenciar otros y enfocarnos en aquellos que realmente queramos que nos comiencen a guiar.

domingo, 3 de marzo de 2013

Creencias: las cadenas del hombre




El hombre es lo que cree
                         Antón Chejov

Una vez comenzado este viaje hacia la mejora personal, hay un concepto que debes tener muy claro: EL CAMBIO ES UNA OPCIÓN REAL.

Son muchas las personas que no se encuentran en absoluto satisfechas con su situación vital y que no hacen nada para cambiarla y son muchas también las que por más que se plantean objetivos y se esfuerzan por conseguirlos no consiguen resultados positivos.

La pregunta fundamental que nos debemos hacer aquí es:
¿Por qué unas personas parecen tener éxito, y conseguir todo aquello que a uno le gustaría tener y otras no? Muchos habrán contestado que los genes, las circunstancias o el azar son los grandes determinantes y creer esto es uno de los errores más limitantes que podemos cometer. De ello has de estar convencido.
Sin duda alguna, las creencias tienen mucho que ver con la respuesta correcta a esta pregunta. Nos referimos aquí a las creencias, como aquellas convicciones que tenemos sobre ciertos asuntos, las cuales pueden ser ciertas o no, y he aquí lo más importante, son permutables, eliminables  y con los conocimientos adecuados propensas a elección. Las creencias marcan nuestra vida, nos dicen lo que es o no es cierto para nosotros, establecen nuestras limitaciones y guían nuestra conducta. Por lo tanto las creencias son las gafas con las que vemos el mundo y las barreras que delimitan nuestro camino. Pero por desgracia, la influencia de nuestra educación, entorno, familia, malas interpretaciones… han provocado que muchas de nuestras creencias sean muy limitantes. De aquí la importancia de revisarlas; no deberías dejar pasar esta oportunidad para hacerlo.

Para terminar por hoy me gustaría compartir contigo un cuento de Jorge Bucay, que quizá ya conozcas, pero sobre el que quiero que reflexiones, y que marcará el comienzo del trabajo que realizaremos a lo largo de estas semanas sobre el  cambio de aquellas creencias que te limitan y la instauración de aquellas que te servirán de guía en tu nueva vida.




Hoy es el comienzo del resto de tu vida…


¿Por qué no puedo enfrentarme a situaciones que otras personas encaran cada día? ¿Por qué cuando lo hago tiendo a fracasar en el intento? ¿Tiene esto que ver con cómo me percibo a mí mismo y al mundo, o existen personas innatamente incapaces de enfrentarse a cierto tipo de coyunturas?

El ser humano es el único ser vivo capaz de abstraerse casi por completo del momento presente para trasladar su mente a otro momento y otro lugar. Viajamos a nuestros recuerdos y nos proyectamos hacia el futuro sin movernos del momento presente. Sin embargo, pocos son conscientes de que futuro y pasado son solo conceptos abstractos en la mente del humano y no existen fuera de ella. El único momento sobre el que tenemos la capacidad de actuar es el ahora.


Parece pues evidente que si queremos introducir un cambio en nuestras vidas vamos a tener que hacerlo, inevitablemente, en el ahora. Sin embargo el ahora se nutre tanto de nuestro pasado como de las expectativas que tenemos para el futuro .A la hora de llevar a cabo un cambio en nuestras vidas, la representación que poseamos del futuro va a ser nuestra aliada, mientras que nuestra representación del pasado, la cual es el objeto de cambio, se va a empeñar en poner trabas a nuestro progreso.


 El futuro te recuerda constantemente cuáles son tus objetivos y metas y hace que actúes en consonancia con éstos en la medida de lo posible. Es por esto que tener claro a donde quieres ir te va a ayudar a actuar de una manera más eficaz que si posees unos objetivos poco definidos o difusos. Para imaginarlo con más claridad diremos que nuestra representación del futuro sería como aquella luz al final del túnel a la que trataremos de llegar a toda costa. Cuanto más nítida veamos la luz al final del camino, más iluminado estará nuestro túnel y más fácil nos será avanzar a través de él. Es importante saber cuál es la luz que perseguimos  y cómo es el camino que nos separa de ésta.

El pasado, por su lado, nos dificulta el camino hacia el cambio. Siguiendo con los símiles, tu pasado sería ese jubilado que se sienta a ver los días pasar contando batallitas de lo que ha sido en vida y de cómo las cosas funcionaban  cuando era joven. Nuestra experiencia forja hábitos y creencias (se profundizará dentro de ambas dos con posterioridad) que, en multitud de ocasiones, nos limitan e impiden nuestro progreso. Tu representación del pasado pretende anclarte en lo que hacías, en lo que eras y en lo que creías a cerca de ti mismo y de la vida. Este jubilado que vive dentro de cada uno de nosotros trata de que nos mantengamos tal como somos, ya que tiene mucho miedo el cambio y se caracteriza por ser un neofóbico de manual.

La vida, por mucho que en ocasiones pueda resultar rutinaria, es un cambio tras otro, un fluir. Dicen que no te puedes bañar dos veces en mismo rio y de igual manera no puedes vivir dos momentos iguales. Debemos estar preparados para conocer lo desconocido, ir desechando y creando nuevas  creencias y generar diferentes hábitos en función de nuestros intereses. En otras palabras, debemos ir renovándonos para no quedarnos obsoletos.

Nuestro papel queda claro: Debemos identificar aquellas creencias y hábitos que obstaculizan nuestro progreso personal y cambiarlas por otras que faciliten la obtención de nuestros objetivos.


¿Cómo llevo a cabo este cambio? El conjunto de textos que se irán añadiendo periódicamente y el servicio de consultas por chat que ofrece psiquespace puede ser un buen comienzo, aunque es evidente que esta página es solo tu guía, tú eres el verdadero motor de este proceso.